Archivado en: sexo | Etiquetas: anal, coño, corrida, Durex, erecto, excitado, glande, jefe, jugos de mi sexo, mujer, nalgas, orgasmo, pene, primer anal, sexo, vagina, verga, zorrita

Despertarme allí, sobre mi cama, atada, me produjo cierta impotencia, pero a la vez, saber que Rodrigo estaba allí me tranquilizaba.
Buenos días, zorrita. – Me saludó.
¿Por qué me has atado? – Le pregunté.
¡Oh, no te preocupes querida, es sólo un juego, un divertido juego! – Dijo Rodrigo con total tranquilidad, lo que hizo desaparecer todos mis temores, pues encontrarme atada en aquella cama me había producido también cierta desazón.
Rodrigo estaba desnudo y al levantar la cabeza para observarle, pude ver su miembro erecto. Sin duda verme allí atada, desnuda y expuesta para él le había excitado.
Se levantó y se acercó a la cama. Me miró con deseo y dijo:
Seguro que quieres volver a gozar como anoche, ¿Verdad, zorrita?.
Asentí y Rodrigo acercó su boca a la mía y me besó. Deslizó su mano hasta mi sexo y lo acarició suavemente haciendo que me excitara enseguida. Se recostó a mi lado y me preguntó:
¿Quieres que te haga mía, putita?
Sí.
Me besó apasionadamente haciendo que su lengua penetrara en mi boca. Seguidamente, descendió lamiendo mi cuello hasta llegar a mis senos que chupeteó y mordió a su antojo. Continuó bajando mientras seguía estrujando y masajeando mis pechos, hasta llegar a mi sexo. Se concentró entonces en lamer mi clítoris, en hacer que mi cuerpo recuperara su excitación. Su lengua se adentró en mi vagina y todo mi cuerpo se estremeció. Sentí como la usaba como un pequeño pene, haciendo que entrara y saliera de mí. Empecé a gemir y a sentir como mi vagina se contraía deseosa de algo más.
Rodrigo se colocó de nuevo sobre mí, me dio otro beso que sabía a mis jugos y sentí su verga pegada a mi sexo. Luego empezó a restregarla por mi vulva, húmeda por el deseo, haciendo que cada vez le deseara más.
Quieres tenerla dentro ¿Verdad, zorrita? – Me preguntó.
Sí – Afirmé con la voz entrecortada y excitada.
Y entonces guió el glande hasta mi agujero y lo introdujo levemente. Yo quería empujar hacía él, abrazarle con todo mi cuerpo, pero no podía, las cuerdas me lo impedían, así que él tenía todo el control de la situación, por lo que sacó el glande y volvió a restregarlo por toda mi vulva y volvió a introducírmelo. Repitió la operación varias veces, haciendo que el deseo creciera cada vez más en mí, hasta que diciendo:
Toma, zorra, toma mi verga. – Me la introdujo por entero de un solo empujón.
El gemido que lancé producto del placer, estoy segura que se escuchó claramente en la habitación de mi vecino que estaba pared con pared de la mía.
Roberto empezó a cabalgar sobre mí cada vez más rápido y arremetiendo con fuerza una y otra vez, mientras yo seguía atada sin poder abrazarle con mis piernas. Me sentía impotente, pero también me excitaba aquella situación de no poder hacer nada. Estaba a punto de alcanzar el orgasmo cuando Rodrigo volvió a sacar su verga de mí y la frotó de nuevo por mi vulva. Yo sentía como los jugos salían de mí produciéndome una agradable humedad entre las piernas.
Volvió a penetrarme con brusquedad y otro gemido escapó de mi garganta, y de nuevo su sexo entrando y saliendo de mí a aquella velocidad, con fuerza y sin pausa, rozando las paredes de mi vagina y haciendo que el placer se concentrara en ella. Y otra vez, apunto de lograr el orgasmo, Rodrigo sacó su polla de mí. Me desató las piernas y las muñecas y me ordenó:
Ponte boca abajo.
Obedecí y volvió a atarme las muñecas a los barrotes de la cama. Sentí su sexo rozando mis nalgas y pregunté curiosa:
¿Qué vas a hacer?
Nada, no te preocupes, preciosa, te gustará.
Tras eso, me hizo abrir las piernas y se situó entre ellas, guió su erecta verga hasta mi vagina y volvió a penetrarme, pero esta vez con suavidad. Se recostó sobre mi espalda, guió sus manos hasta mis senos y empezó a masajearlos suavemente, mientras a la vez, se movía con lentitud, haciendo que su sexo entrar y saliera de mí. Poco a poco fue acelerando sus movimientos, hasta que logró que me corriera entre espasmo y gemidos de placer. Entonces sacó su verga de mí, oí una especie de papel rasgarse y me giré. Vi como se colocaba un condón y le pregunté:
¿Qué vas a hacer?
Tranquila, cielo, voy a desvirgarte ese culito tan lindo que tienes, pero no te preocupes por nada.
No me agradaba demasiado la situación, pero tampoco podía negar que más de una vez me había sentido atraída por probar aquello, así que le pedí:
Sé cuidadoso ¿Quieres?.
No te preocupes.
Descendió hasta mi culo y mordió mis nalgas, primero una y luego la otra; seguidamente, sentí como introducía su lengua entre ellas y seguidamente, abriéndolas, trataba de alcanzar mi ano. Su húmeda lengua empezó a masajear el borde de mi agujero trasero y una agradable corriente eléctrica atravesó mi cuerpo. A continuación sentí como intentaba introducir uno de sus dedos. Poco a poco, mi ano fue cediendo a la presión y logró insertarlo. Sentirme penetrada por esa parte de mi anatomía era algo diferente que nunca antes había sentido. Rodrigo movió su dedo dentro de mí y al ver la aceptación que tenía por mi parte, decidió meter un segundo dedo. Yo me sentía cada vez más excitada, aquellas caricias me estaban gustando incluso más que si fueran en mi clítoris.
Cuando Rodrigo creyó que ya estaba preparada, se situó sobre mí, separó mis nalgas y guió su erecta verga hasta mi ano. Yo estaba algo nerviosa pero a la vez excitada, sentí como empezaba a penetrarme, como su glande entraba despacio, y mi ano se contraía tratando de atraparlo a la vez que sentía un pequeño dolor. Rodrigo se detuvo y permaneció quieto un rato, esperando a que mi culo se acomodara a la nueva situación. Tras unos segundos, trató de introducir un poco más y de nuevo se detuvo permaneciendo inmóvil. Hasta que finalmente empujó logrando que entrara toda su verga. Permanecimos quietos un instante, hasta que Rodrigo dijo:
Bien, zorrita, ahora empezaré a moverme y verás como te gusta.
Colocó sus manos sobre mis senos y empezó a moverse dándose impulso con estos. Al principio sentí un poco de dolor, que poco a poco fue desapareciendo en la medida que el placer iba aumentando. Rodrigo deslizó una de sus manos hasta mi clítoris y empezó a masajearlo mientras iba aumentando el ritmo de sus embestidas. El placer iba subiendo de intensidad gradualmente, y poco a poco me iba sintiendo en la gloria, como nunca antes me había sentido. Empecé a gemir y a empujar hacía él, tratando de sentir aquella vara, más y más adentro de mí. Las sensaciones se multiplicaban y poco a poco el placer empezaba a concentrarse en aquella zona. No tardé mucho en alcanzar un demoledor orgasmo como jamás en mi vida había sentido. Rodrigo siguió empujando un poco más hasta que también él se corrió.
Después descansamos un rato, tras el cual nos levantamos, nos vestimos, desayunamos y salimos a pasear. A mediodía comimos en un pequeño restaurante y tras eso, él tuvo que irse, ya que tenía que ir a buscar a su mujer al aeropuerto.
El resto de la semana fue bastante tranquila, después del trabajo él venía a mi casa y hacíamos el amor apasionadamente e incluso a veces lo hacíamos en la oficina.
Yo vivía en una especie de nube, llena de ilusión por un futuro juntos. Y durante las siguientes semanas todo fue bien, hasta que llegó aquel fatídico día y aquel momento en el que debí haberlo dejado pero quizá el amor que le tenía me obligó a permitirle aquello y mucho más y ese fue el principio del fin.
Aquel día, parecía un día más. Llegué feliz y alegre a la oficina.
fuente: erotikakarenc
Esta es una historia real ( o por lo menos eso dice el autor…) de como un seminarista deja su vocacion y vaya que si es muy detallista aqui se los dejo:
Lo siguiente que les voy a narrar me sucedió a mi cuando estudiaba en el Seminario, ya que a mis 19 años tomé esa decisión.
Todo se inició, pienso yo que unos 12 años atrás antes de entrar al Seminario, vivía en un pequeño pueblo de la Sierra era para esos momentos el único niño varón del pueblo, mis mejores amigos o mejor dicho mis únicas amistades eran tres chicas de mi edad, con las que por muchos años compartí, siempre de manera inocente. Los cuatros asistíamos a la misma escuela, localizada en otro pueblo, jugábamos juntos, competíamos haciendo carreras, los cuatro durante muchos años nos bañamos juntos en el río y en la posa que tenía mi padre en los terrenos de labranza, por lo menos hasta que ellas comenzaron a desarrollarse.
Al terminar la primaria, a las tres las mandaron a estudiar a la capital, mientras que yo seguí mis estudios en un Liceo Católico, luego que lo terminé comencé a estudiar en la Universidad pero francamente mi vocación sacerdotal guió mis pasos al seminario. Durante el mes de diciembre, se me informó que mi padre había sufrido un ataque al corazón por lo que se me permitió regresar a mi hogar con el fin de que ayudase en lo que pudiera, pero al llegar todo resulto una falsa alarma, si se había sentido muy mal pero en realidad no era un ataque al corazón, por lo que aproveché para descansar más que otra cosa.
Cierto viernes unos días previos a la celebración del Nacimiento, me encontraba en el pueblo saludando a los vecinos que por cierto tiempo no había visto debido a mis estudios, como es costumbre yo siempre vestía con sotana y muchos de los vecinos y familiares al verme me pedían la bendición, yo desde luego les aclaraba que tan solo era un seminarista pero aun así insistían, desde que llegué al pueblo ayudaba a dar la misa al Cura Párroco, pero ese día el Padre Pérez debió salir al pueblo vecino, por lo que me quedé caminando por mi viejo pueblo antes de regresar al hogar de mis padres.
Ya me dirigía a casa cuando escuché una voz de mujer que me dio un grito: ¿Marcos?, no puedes ser tú bribón…
Era la voz María Encarnación una de mis amigas de mi infancia, al voltear mi rostro quede totalmente sorprendido, yo esperaba encontrar una joven flaca enjunca, con los cabellos de color castaño claro recogidos con un moño en su cabeza, y con unos grandes espejuelos. Pero lo que vi distaba mucho de la imagen que me había formado mentalmente, ante mi se encontraba una hermosa mujer, con una bella cabellera rubia, muy bien proporcionada, y con unos grandes ojos azules. Ella se dio cuenta de mi sorpresa, y me dijo.
Ahora que eres padre ya no me reconoces, soy yo María Encarnación la que jugaba contigo cuando eras niño. Yo volví en mi y de inmediato me disculpe con ella, le dije la verdad que esperaba ver una jovencita como la que ya les describí, y en su lugar me encuentro a toda una mujer, al decir eso mi rostro se debe haber puesto colorado ya que ella así me lo hiso saber, continuando con la conversación le pregunté por nuestras antiguas compañeras María del Pilar y María Fernanda.
María Encarnación mientras caminábamos me indicó que las tres se encontraban en el pueblo visitando a sus respectivas familias, luego ella me preguntó que si era cierto que ya era sacerdote, a lo que le respondí que no que tan solo era un humilde seminarista, pero que me encontraba visitando a mis padres ya que el viejo se encontraba mal de salud. Los dos continuamos caminando y poniéndonos al día con respecto a nuestras amistades…
Gracias a María Encarnación me enteré que las tres vivan en la capital y que se encontraban trabajando en distintas labores, María Fernanda era azafata de una línea aérea internacional, María del Pilar estaba por graduarse de sus estudios en derecho y ella María Encarnación estudiaba diseño y era dueña de una boutique. Me alegré mucho de ver a mi amiga, pero justo antes de despedirnos me invitó a que pasará en la noche por la casa de sus padres para tener una reunión con toda la pandilla, como ella dijo.
Al acercarse la noche salí rumbo al pueblo, me fue fácil encontrar la casa de los padres de María Encarnación, de hecho era la más grande y rica del pueblo, sus padres eran los dueños de la mayoría de los negocios. Luego de tocar la puerta, apareció María Encarnación elegantemente vestida, me tomó por la mano y me guió hasta la sala de la casa, en el trayecto me indicó que sus padres y sus dos hermanas menores se encontraban pasando la navidad en un crucero por el Caribe, en la sala se encontraban otras dos hermosas jóvenes mujeres conversando, me costó trabajo creer que eran la María Fernanda y la María del Pilar.
Al principio me sentí algo cortado, pero al pasar un rato volvió a surgir la antigua confianza que les tenía a las tres. Ellas hablaron de sus respectivos estudios y trabajos, de sus novios y cosas así por el estilo, mientras que yo solo me limité a hablar sobre el seminario, María Encarnación como buena anfitriona nos colmó de atenciones, pero María Fernanda se hiso cargo de preparar la bebidas, (quiero hacerles saber que yo nada más me tomé unas dos o tres copas de vino tinto) hiso gala de sus conocimientos en esa materia y preparó para ella y las demás distintos tipos de bebidas mientras continuábamos conversando…
De momento María del Pilar comenzó a preguntarme sobre mi vida en el seminario, y a cada pregunta respondida de inmediato surgía otra pregunta sobre el tema, hasta que llegó un punto en que insinuó que la mayoría de los sacerdotes en el fondo eran homosexuales reprimidos, al llegar a ese punto de la conversación, yo me acaloré y traté de explicarle los que era el celibato para mi. Pero María Encarnación intervino y apaciguó los ánimos, yo no me había dado cuenta pero al parecer me derramé algo de mi bebida sobre la sotana, y María Encarnación me pidió que me la quitase para lavar la mancha, como realmente era la única que tenía acepté, quedando con mi camisa de mangas cortas y mi pantalón, al retirarme la sotana y verme vestido María Fernanda en tono de broma comentó. Yo que pensaba que al fin iba a ver a un padre desnudo.
Todos nos reímos del comentario, y continuamos hablando con más tranquilidad de otros temas, fue cuando María Encarnación comentó que las bebidas le habían producido mucho calor, es cierto que aunque era una temporada muy fría había buena leña en el hogar y hasta yo tenía algo de calor, y sin decir más nada María Encarnación que se quita su hermoso vestido, quedando parcialmente desnuda, y digo parcialmente por que su ropa íntima era casi transparente.
Yo me quedé boquiabierto, atontado mirándola fijamente, como que tenía años que no veía a una verdadera mujer casi desnuda, su piel era blanca y se observaba tersa, sus carnes firmes sin nada que le sobrase o le faltase, sus pechos parecían que fueran a salirse del diminuto sostén que los contenía, en la piel de sus muslos se observaba una ligera palidez que se observaba por debajo de sus pantaletas, la cual se dirigía a su entrepierna, lo que más me llamó la atención hasta ese momento fue la ausencia de vellos.
María Fernanda hizo un comentario pero yo no le presté atención, cuando reparé en ella también la veo quitándose su vestido, en mi cabeza todo daba vuelta, al voltear a ver a María del Pilar buscando algo de apoyo moral, esta ya se encontraba también parcialmente desnuda. El cuerpo de María Fernanda era más espectacular aun que el de las otras dos Marías, sus largas y bellas piernas destacaban, su vientre plano y firme era una belleza, y sus senos hermosos y redondos coronados por sus bellos y colorados pezones.
Yo permanecí en silenció con la boca abierta, por un buen rato ellas continuaron como si nada hubiese pasado, hasta que María del Pilar me dijo:
Hijo cierra la boca que se te va a meter una mosca…
Al decir eso las tres echaron a reír, y yo aun continuaba embelesado mirándolas sin decir palabra, en eso fue María Encarnación la que se sentó a mi lado derecho, diciéndome. Marcos es que no te acuerdas que los cuatro nos bañábamos desnudos en el río, parece que nunca hubieses visto a una mujer desnuda…
Yo tartamudeando les respondí, que no tan de cerca, a los que las tres continuaron riéndose, realmente me encontraba muy nervioso, jamás esperé que eso fuera a suceder, no me había percatado pero al tiempo que María Encarnación me hablaba una de sus manos se encontraba desabotonando mi camisa. María del Pilar por su parte cuando me di cuenta de que me desabotonaban la camisa, me dijo.
Disculpa pero es que tengo la idea de que todos los sacerdotes realmente son impotentes. Y al decir eso colocó su mano sobre mi miembro, el cual sin yo haberme dado cuenta se encontraba ya rígido debajo de mi pantalón. María Fernanda caminando hacia nosotros se arrodillo frente a mí diciendo.
Marquitos como estamos en navidad las tres te queremos dar un regalo que no olvides, antes de que te metas a Cura. Al decir eso sus manos se dirigieron a la hebilla de mi correa, soltándola con facilidad.
Yo traté de oponer resistencia pero ellas me agarraron los brazos, de paso las tres siempre fueron más altas y atléticas que yo.
En cosa de segundos me denudaron por completo, yo pensaba dar un grito en mi desesperación, cuando María Encarnación colocando su dedo índice sobre mi boca me dijo, acuérdate que estamos solos en casa, y que a esta hora todos están en la suya, nuevamente traté de soltarme pero me fue inútil, con el jaleo y la vergüenza que sentía mi pene se me fue casi desapareciendo entre mis manos, ya que lo cubrí con ellas para taparme.
En eso María Encarnación comentó, démosle primero un buen baño para que se relaje un poco, de momento se levantó de su asiento dejándome bajo la custodia de las otras dos Marías, y se dirigió a dentro de su casa, mientras tanto yo cerré mis ojos y oraba en silenció pidiéndole a todos los Santos, que me liberasen de ese martirio, fue cuando los labios de María del Pilar se posaron sobre los míos, yo nuevamente traté de zafarme, pero ella me tomó por la cara y me la inmovilizó, dándome un fuerte beso, sentí como a pesar de mantener mi boca cerrada su lengua entraba en mi boca y chocaba contra mis dientes, para mi eso fue una eternidad, hasta que regresó María Encarnación diciendo ya el baño se encuentra listo llevémosle, y como si yo fuese un muñeco de trapo entre las otras dos Marías me levantaron y encaminaron hacía el cuarto de baño, en donde había una tina llena de agua caliente…
Sin ni siquiera preguntarme prácticamente me echaron de cabeza dentro de la tina, las tres tomaron unas esponjas y en silencio se dedicaron a la tarea de enjabonarme y tallarme todo mi cuerpo, en cosas de segundos ya me encontraba nuevamente excitado, y que conste que esa no era mi intención, pero estaba sucediendo aun en contra de mi voluntad, las manos de las tres fueron acariciando todas y cada una de las partes de mi cuerpo, hasta en esas donde nunca se recibe sol.
En un momento mientras me bañaban yo les conminé por todos los Santos Mártires a que abandonaran su loca idea, pero las tres se rieron a carcajadas, después del baño entre las tres me sacaron de la tina y me comenzaron a secar cada una por un área distinta de mi cuerpo, mis brazos, espalda, piernas, nalgas, etc. etc.
Una vez que estuve relativamente seco me condujeron bajo mi protesta al dormitorio principal, osea la habitación de los padres de María Encarnación. Al llegar vi la famosa cama de los padres de ella, hace unos cinco años a tras el Don osea el padre de María Encarnación encargo la susodicha cama a un fabricante de muebles de otro pueblo, ya que el del nuestro decían las malas lenguas no se atrevió a construirla por ser demasiado de grande, al ver la cama me pareció estar frente a una cancha de futbol de lo grande que era, media realmente como dos metros y medio de ancho y de largo, la cabecera era totalmente tallada, además de cuatro columnas de madera que sujetaban una especie de techo lo cual le daba a la cama la apariencia de una gran tienda de campaña o una más bien como una tienda de un mercader árabe del desierto.
Pero regresando al tema, la cama de por si me impresionó, pero más me impresionó como las tres Marías me tiraron en ella. Ahí me encontraba yo totalmente desnudo, tratando inútilmente de tapar mi desnudez con mis manos, mientras que a cada lado de la gran cama se encontraba una de las muchachas, las tres se terminaron de quitar la ropa intima que les quedaba puesta, y ya totalmente desnudas se fueron subiendo a la cama, yo inútilmente casi llorando les pedí que se arrepintieran de sus bajas ideas pero ellas entre risas y tragos continuaron su cometido.
María Encarnación me tomó por mi brazo derecho, María Fernanda por el izquierdo, y María del Pilar se trepo frente a mi, yo hasta cruce mis piernas tratando de evitar que ella echara mano de mi miembro, pero me fue inútil, la María del Pilar colocó casi todo su desnudo cuerpo sobre mis piernas y con su lengua comenzó a lamerme, en cosa de segundos yo mismo me traicioné, mi pene se irguió fue cuando ella se lo introdujo por completo en su boca, hasta ese día yo francamente no tenía idea de lo que era una mamada y me sentí como un verdadero hipócrita pidiéndole que desistiera de la boca para fuera, pero para dentro rogando que continuase…
María del Pilar llegó al punto en que me había excitado totalmente, todo mi falo se encontraba dentro de su boca, su saliva me chorreaba por los lados fue cuando ella se detuvo, y yo me quedé sin saber que hacer, hasta que ella se fue incorporando lentamente hasta quedar totalmente erguida sobre mi cuerpo, dio un paso hacía adelante y luego se fue agachando lentamente, hasta que una de sus manos agarró nuevamente mi pene, se detuvo por unos instantes pero luego continúo descendiendo, hasta ese momento no me había fijado en su sexo, su vulva se encontraba como sudada mejor dicho se veía toda húmeda…
Lentamente se fue introduciendo mi verga dentro de su coño, hasta donde ya no pude verlo más la sensación de ese calor húmedo fue divina, tal como se lo fue metiendo se lo fue sacando, y comenzó a repetir la operación una y otra vez, ya a esa altura de los hechos las otras dos Marías me soltaron los brazos, y la naturaleza siguió su divino rumbo, ya a mi no me importaba nada lo que yo deseaba era seguir metiendo y sacando mi verga dentro del peludo coño de María del Pilar.
Mis brazos la rodearon mi boca buscó sus senos, en eso una de las otras dos me jaló hacía la cama, y de inmediato se colocó sobre mi rostro, al principio yo no entendí que pasaba pero algo dentro de mi me hiso pasar mi lengua por su húmeda raja y lo demás salió por añadidura, en mi posición yo no me daba cuenta de lo que estaba pasando entre ellas, pero luego me enteré, María Fernanda se estaba magreando con María del Pilar mientras María Encarnación le hacía a María Fernanda lo que yo le estaba haciendo a ella, algo que yo no me esperaba sucedió y fue que como es normal eyaculé dentro del coño de María del Pilar, y ese como que fue una especie de señal para que todo terminase.
Ellas tres y yo nos encontrábamos todos sudados y llenos de saliva y quien sabe de que más, por un largo rato nadie se movió, hasta que la María del Pilar se levantó de la cama y se fue al baño, luego María Encarnación la siguió pero al rato regresó con una toalla húmeda y me limpió mi pene…
Yo pensaba que todo había terminado cuando ella agarró nuevamente mi miembro y se lo introdujo en su boca, lentamente sus carnosos labios fueron succionando mi pene hasta que este se tonifico de nuevo, yo estaba que brincaba de lo contento que estaba, y pensar de los años que me perdí de esas increíbles experiencias, María Fernanda se levantó de la cama y se dirigió al baño, mi vista la siguió fija entre sus nalgas mientras María Encarnación me daba una segunda mamada, y al igual que la vez anterior se detuvo pero en esta ocasión María Encarnación se acostó a mi lado…
Por mi parte torpemente comencé a acariciar su bello cuerpo y besar su tierna boca mientras me le trepaba encima de ella, no se como pero al pasar unos minutos ya estábamos follando los dos, mi verga entraba y salía del cuerpo de María Encarnación, al tiempo que ella hacia unos ruidos como si estuviese quejándose, para luego dar unos cortos gritos de placer, debido a mi poca experiencia a los pocos minutos me volví a venir pero es esa ocasión lo fue dentro de su afeitado coño. Al terminar los dos permanecimos tendidos en la cama.
Por un buen rato me dormí, no recuerdo por cuanto tiempo exactamente, pero al sentir que mi miembro era nuevamente manipulado, me desperté sobre saltado fue la voz de María Fernanda la que escuche decirme. Cálmate que ahora me toca a mí.
Nuevamente me tendí en la cama mientras ella le daba nueva vida a mi verga, y otra vez en cosa de segundos ahí se encontraba erguido y todo lleno de la saliva de María Fernanda, en ese momento pensé que sea lo que quiera ser, y decidí que fuese ella quien tomase la iniciativa, como les dije me encontraba tendido acostado en esa inmensa cama de pilares, mis otras dos amigas no se observaban por todo eso, solo nos encontrábamos María Fernanda y yo en el dormitorio de los padres de María Encarnación…
María Fernanda continuaba dándome una mamada como no me la habían dado las otras dos Marías, yo sentía como la sangre me corría por todo mi cuerpo eso si era estar vivo, en eso ella se fue moviendo hasta que su vulva quedo frente a mi rostro, nadie me tuvo que decir que hacer, sin pensarlo mucho hundí mi cara en su coño, mis labios besaron los suyos, mi lengua lamió su clítoris, en fin toda mi boca, mis labios, dientes y lengua los restregué contra su coño en un sin número de veces, hasta que ella dejó de mamar mi verga y enterrándome sus uñas en mis muslos dio un gran grito de placer…
Ella como una desesperada movía sus caderas sobre mi rostro, frotando con fuerza animal su coño contra mi cara, yo no se por que milagro no acabé de nuevo en ese momento, pero no habían terminado de pasar unos cuantos segundos cuando María Fernanda se corrió un poco para el frente dejando su culo sobre mi boca y mientras me decía:
Lámelo puñeta que estoy cachonda.
De primera intención quise quitármela de encima, ya que la sola idea me parecía nauseabunda, pero nuevamente ella volvió a pedirme o mejor dicho a ordenarme que le lamiese el culo, tímidamente pasé mi lengua por su esfínter y sentí el calor el de sus nalgas en mi cara, algo en mi no se que me llenó de lujuria y como una bestia, pienso yo me encontraba pasando mi lengua por roto, como pude se la fui introduciendo a medida que María Fernanda daba alaridos y gemidos de placer, yo esperaba que ella a su vez me continuase mamando la verga, pero la tomó entre sus manos y comenzó a masturbarme con fuerza, de momento se lo metió en la boca completamente para luego sin aviso alguno retirarse al otro extremo de la cama, y colocándose con su culo abierto ante mi me dijo. Ven a darme por el culo, que ya estoy lista apurate que lo quiero sentir dentro de mi.
Yo como un autómata o como si me encontrase hipnotizado me fui acercando al par de hermosas nalgas de mi amiga, voluntariamente le volví a pasar la lengua por su palpitante esfínter, y ella dio un gemido de placer, luego me fui incorporando hasta que mi verga quedó a la altura de su hueco, con una de mis manos separé algo sus nalgas mientras que con la otra iba dirigiendo la cabeza de mi verga hacía su caliente culo, supongo que fue por la saliva nuestra que debió actuar como un aceite pero en un dos por tres ese hueco se tragó por completo mi verga…
María Fernanda dio un corto grito de dolor pero de inmediato comenzó a mover sus caderas con suavidad de un lado a otro, esa noche yo había experimentado un mundo de nuevas sensaciones. Mi mayor experiencia sexual hasta esos momentos solo había sido el masturbarme cuando era más joven viendo viejas revistas de mujeres desnudas, y siempre con un gran sentimiento de culpa antes y después, por las cosas que nos decía el Padre Pérez a los que servíamos de monaguillo en la misa.
Pero esa noche con las tres Marías mandé para el coño todas mis viejas ideas sobre el sexo, en especial con María Fernanda a la cual le estaba dando por el culo en esos momentos, yo la tenía agarrada por las caderas y guiaba su cuerpo, ella me decía cosas como. Dame duro, que te quiero sentir dentro de mí.
Cosas que al escucharla me ponían más caliente de lo que me encontraba, y en consecuencia la apretaba con mayor fuerza contra mi cuerpo, mis manos buscaron sus senos y su coño, mi boca se posó sobre su nuca, y mis dientes se clavaron en su cuello, en ese momento sentí como mi semen invadía su culo por dentro mientras que ella apretaba más y más sus nalgas. Al terminar los dos quedamos exhaustos, y terminamos por quedarnos dormidos.
A la mañana del día siguiente, las otras dos Marías nos llevaron el desayuno a la cama, yo algo cortado me levanté y me lavé la cara y enjuagué mi boca, mientras que ellas comentaban entre sí, al regresar a la cama las tres me pidieron disculpas, pero al final fui yo quien les vivo eternamente agradecido por esa noche y muchas otras más.
Como habrán podido deducir, nunca terminé la carrera sacerdotal, de lo cual como les dije vivo eternamente agradecido. Y sus votos con mis oraciones…Por las tres Marías por supuesto….
Fuente: Este post esta en diversos blog pero en ninguno sale quien lo escribio ni nada asi que lo coloco como anonimo.

