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La anatomia del sexo
Octubre 27, 2008, 5:32 pm
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Hoy los avances de la tecnologia son tan grandes que nos permiten ver que y como  sucede las cosas en  nuestro cuerpo no solo externamente sino en el interior tambien. Aqui les dejo un video donde monitorean cada paso del placer que nos da el sexo tantos fisicamente como en cada neurona de nuestro cuerpo (lastima que no este completo) aqui se los dejo y a ver si se animan con este experiemnto …jajaja



Secretaria y Amante (II)
Octubre 26, 2008, 11:21 pm
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Despertarme allí, sobre mi cama, atada, me produjo cierta impotencia, pero a la vez, saber que Rodrigo estaba allí me tranquilizaba.

Buenos días, zorrita. – Me saludó.

¿Por qué me has atado? – Le pregunté.

¡Oh, no te preocupes querida, es sólo un juego, un divertido juego! – Dijo Rodrigo con total tranquilidad, lo que hizo desaparecer todos mis temores, pues encontrarme atada en aquella cama me había producido también cierta desazón.

Rodrigo estaba desnudo y al levantar la cabeza para observarle, pude ver su miembro erecto. Sin duda verme allí atada, desnuda y expuesta para él le había excitado.

Se levantó y se acercó a la cama. Me miró con deseo y dijo:

Seguro que quieres volver a gozar como anoche, ¿Verdad, zorrita?.

Asentí y Rodrigo acercó su boca a la mía y me besó. Deslizó su mano hasta mi sexo y lo acarició suavemente haciendo que me excitara enseguida. Se recostó a mi lado y me preguntó:

¿Quieres que te haga mía, putita?

Sí.

Me besó apasionadamente haciendo que su lengua penetrara en mi boca. Seguidamente, descendió lamiendo mi cuello hasta llegar a mis senos que chupeteó y mordió a su antojo. Continuó bajando mientras seguía estrujando y masajeando mis pechos, hasta llegar a mi sexo. Se concentró entonces en lamer mi clítoris, en hacer que mi cuerpo recuperara su excitación. Su lengua se adentró en mi vagina y todo mi cuerpo se estremeció. Sentí como la usaba como un pequeño pene, haciendo que entrara y saliera de mí. Empecé a gemir y a sentir como mi vagina se contraía deseosa de algo más.

Rodrigo se colocó de nuevo sobre mí, me dio otro beso que sabía a mis jugos y sentí su verga pegada a mi sexo. Luego empezó a restregarla por mi vulva, húmeda por el deseo, haciendo que cada vez le deseara más.

Quieres tenerla dentro ¿Verdad, zorrita? – Me preguntó.

Sí – Afirmé con la voz entrecortada y excitada.

Y entonces guió el glande hasta mi agujero y lo introdujo levemente. Yo quería empujar hacía él, abrazarle con todo mi cuerpo, pero no podía, las cuerdas me lo impedían, así que él tenía todo el control de la situación, por lo que sacó el glande y volvió a restregarlo por toda mi vulva y volvió a introducírmelo. Repitió la operación varias veces, haciendo que el deseo creciera cada vez más en mí, hasta que diciendo:

Toma, zorra, toma mi verga. – Me la introdujo por entero de un solo empujón.

El gemido que lancé producto del placer, estoy segura que se escuchó claramente en la habitación de mi vecino que estaba pared con pared de la mía.

Roberto empezó a cabalgar sobre mí cada vez más rápido y arremetiendo con fuerza una y otra vez, mientras yo seguía atada sin poder abrazarle con mis piernas. Me sentía impotente, pero también me excitaba aquella situación de no poder hacer nada. Estaba a punto de alcanzar el orgasmo cuando Rodrigo volvió a sacar su verga de mí y la frotó de nuevo por mi vulva. Yo sentía como los jugos salían de mí produciéndome una agradable humedad entre las piernas.

Volvió a penetrarme con brusquedad y otro gemido escapó de mi garganta, y de nuevo su sexo entrando y saliendo de mí a aquella velocidad, con fuerza y sin pausa, rozando las paredes de mi vagina y haciendo que el placer se concentrara en ella. Y otra vez, apunto de lograr el orgasmo, Rodrigo sacó su polla de mí. Me desató las piernas y las muñecas y me ordenó:

Ponte boca abajo.

Obedecí y volvió a atarme las muñecas a los barrotes de la cama. Sentí su sexo rozando mis nalgas y pregunté curiosa:

¿Qué vas a hacer?

Nada, no te preocupes, preciosa, te gustará.

Tras eso, me hizo abrir las piernas y se situó entre ellas, guió su erecta verga hasta mi vagina y volvió a penetrarme, pero esta vez con suavidad. Se recostó sobre mi espalda, guió sus manos hasta mis senos y empezó a masajearlos suavemente, mientras a la vez, se movía con lentitud, haciendo que su sexo entrar y saliera de mí. Poco a poco fue acelerando sus movimientos, hasta que logró que me corriera entre espasmo y gemidos de placer. Entonces sacó su verga de mí, oí una especie de papel rasgarse y me giré. Vi como se colocaba un condón y le pregunté:

¿Qué vas a hacer?

Tranquila, cielo, voy a desvirgarte ese culito tan lindo que tienes, pero no te preocupes por nada.

No me agradaba demasiado la situación, pero tampoco podía negar que más de una vez me había sentido atraída por probar aquello, así que le pedí:

Sé cuidadoso ¿Quieres?.

No te preocupes.

Descendió hasta mi culo y mordió mis nalgas, primero una y luego la otra; seguidamente, sentí como introducía su lengua entre ellas y seguidamente, abriéndolas, trataba de alcanzar mi ano. Su húmeda lengua empezó a masajear el borde de mi agujero trasero y una agradable corriente eléctrica atravesó mi cuerpo. A continuación sentí como intentaba introducir uno de sus dedos. Poco a poco, mi ano fue cediendo a la presión y logró insertarlo. Sentirme penetrada por esa parte de mi anatomía era algo diferente que nunca antes había sentido. Rodrigo movió su dedo dentro de mí y al ver la aceptación que tenía por mi parte, decidió meter un segundo dedo. Yo me sentía cada vez más excitada, aquellas caricias me estaban gustando incluso más que si fueran en mi clítoris.

Cuando Rodrigo creyó que ya estaba preparada, se situó sobre mí, separó mis nalgas y guió su erecta verga hasta mi ano. Yo estaba algo nerviosa pero a la vez excitada, sentí como empezaba a penetrarme, como su glande entraba despacio, y mi ano se contraía tratando de atraparlo a la vez que sentía un pequeño dolor. Rodrigo se detuvo y permaneció quieto un rato, esperando a que mi culo se acomodara a la nueva situación. Tras unos segundos, trató de introducir un poco más y de nuevo se detuvo permaneciendo inmóvil. Hasta que finalmente empujó logrando que entrara toda su verga. Permanecimos quietos un instante, hasta que Rodrigo dijo:

Bien, zorrita, ahora empezaré a moverme y verás como te gusta.

Colocó sus manos sobre mis senos y empezó a moverse dándose impulso con estos. Al principio sentí un poco de dolor, que poco a poco fue desapareciendo en la medida que el placer iba aumentando. Rodrigo deslizó una de sus manos hasta mi clítoris y empezó a masajearlo mientras iba aumentando el ritmo de sus embestidas. El placer iba subiendo de intensidad gradualmente, y poco a poco me iba sintiendo en la gloria, como nunca antes me había sentido. Empecé a gemir y a empujar hacía él, tratando de sentir aquella vara, más y más adentro de mí. Las sensaciones se multiplicaban y poco a poco el placer empezaba a concentrarse en aquella zona. No tardé mucho en alcanzar un demoledor orgasmo como jamás en mi vida había sentido. Rodrigo siguió empujando un poco más hasta que también él se corrió.

Después descansamos un rato, tras el cual nos levantamos, nos vestimos, desayunamos y salimos a pasear. A mediodía comimos en un pequeño restaurante y tras eso, él tuvo que irse, ya que tenía que ir a buscar a su mujer al aeropuerto.

El resto de la semana fue bastante tranquila, después del trabajo él venía a mi casa y hacíamos el amor apasionadamente e incluso a veces lo hacíamos en la oficina.

Yo vivía en una especie de nube, llena de ilusión por un futuro juntos. Y durante las siguientes semanas todo fue bien, hasta que llegó aquel fatídico día y aquel momento en el que debí haberlo dejado pero quizá el amor que le tenía me obligó a permitirle aquello y mucho más y ese fue el principio del fin.

Aquel día, parecía un día más. Llegué feliz y alegre a la oficina.

fuente: erotikakarenc

 



Mi primera vez….
Octubre 15, 2008, 9:10 pm
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Cuando éramos unos mozalbetes, siempre soñamos con aquel día en el cual pudiéramos concretar el acto sexual con otra persona. 

Las mujeres siempre sueñan con el príncipe azul, con el hombre de su vida y que ese podría ser el compañero ideal para el resto de sus días. (No en todos los caso) y el hombre siempre sueña con estar con la persona que haga de el un ser con basta  experiencia.

 

Recuerdo cuando era tan solo un chamaquito, como me encantaba visitar la casa de un amiguito que tenía una hermana más grande que nosotros. Ella vestía ropa muy corta y muy provocativa y siempre le gustaba jugar conmigo de una manera especial.

 

Los día se convirtieron en semanas y la semanas en par de meses y el juego paso a un segundo plano, ya los relajos se convertían en abrazos y las rizas en cariciasy sin darme cuenta quede encantado con su bellaza, me sentí raro, soy humilde y lo  confienzo, pero nunca a esa edad había visto a una chica con los ojos que la vi esa tarde, nos perdimos por varios minutos de su hermano, ya no iba por mi amiguito, ya solo iba por ella.

 

Todo mi mundo cambio ese día, nunca había experimentado lo que es sentir el cuerpo de una mujer tan cerca del mío, sus besos, sus caricias, todo era nuevo para mi, lo mas cercano a eso era la auto complacencia o algunas películas y revistas pornos si ningún sentido de didáctica, pero no era nada igual, ni siquiera parecido.

 

 

Ella me confeso que no era virgen y que sentían el deseo de hacer el amor conmigo, yo ingenuo no entendía sus palabras, pero cuando ella fue envolviendo su cuerpo con el mió, me deje llevar de su experiencia y trátate de hacer lo que el instinto mas primitivo me decía, ella me dijo al paso, no desesperéis, que todo llega en su momento, ella me decía todo lo que tenia que hacerle, desde el lavado vaginal hasta donde quería que la besara, todo fue hermoso, nunca antes había sentido tanto placer que ya no resistía, y fue entonces cuando derrame la sabia masculina dentro de su caliente y estrecho útero. (Por que ella así me lo había pedido).

 

Confieso que no supe de mí por unos instantes, el placer de la eyaculaciòn había desconectado todos los demás sentidos de mí ser, después de que yo regresara del mundo de los muertos, me dio un abrazo y un beso y me dijo: ya eres todo un hombre.

 

Después de esa vez tu vimos varias aventuras, no muchas por que al cabo de unos meses su padres tomaron la decisión de mudarse del sector en donde vivíamos, desde esa vez no la volví a ver mas, aveces la recuerdo con cierta nostalgia, recuerdo esa voz cuando me decía: “ya eres todo un hombre”.

 

Hoy comparto parte de mis experiencias con ustedes, espero conocer aunque sea una de las de ustedes….